Reseña: Las horas que hemos amado de Yolanda Villaluenga

Reseña: Las horas que hemos amado de Yolanda Villaluenga

Esta novela es una historia de amor construida a partir de recuerdos fragmentados. Mientras leía Las horas que hemos amado (Yolanda Villaluenga, Tres Hermanas, 2023), en mi cabeza resonaban las palabras de Louise Glück: «Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria». Esta narración es, precisamente, una memoria compartida y rearmada igual que se hace con un puzzle o con un mosaico.
Y, de la misma manera que ocurre en toda historia de amor, esta también se encuentra marcada por los recuerdos de otras personas. De hecho, entre sus páginas apenas si leemos las palabras de Víctor y de Helena, la pareja en torno a la cual gira el relato. Es solo de vez en cuando que vemos un lado del mismo, el de Víctor, a través de su correspondencia con Helena. Sin embargo, los fragmentos que verdaderamente conforman las vidas de la pareja son los de tres mujeres que, de un modo u otro, circundaron la relación. Estas mujeres —Olivia, Berta y Antolina— recogen los pedazos que la pareja dejó tras de sí para recomponer un pasado en el que la medicina, las mentiras piadosas o no tanto, y Pinochet lo desbordan todo.
Este relato de amor se ve empañado y finalmente truncado por el relato colectivo de uno de los espacios y tiempos en los que se ubica la novela: Chile, 1973. La autora, Yolanda Villaluenga, describe las violencias que siguieron —y precedieron— al golpe de Estado de Pinochet desde la historia mínima y el pasado cotidiano, desde aquello que ocurre dentro de una casa cerrada a cal y canto, en la que se mira por la ventana con temor y en la que la realidad común se rompe de tal manera que los personajes comienzan a desconfiar de vecinos, amigos y familiares. De sí mismos, incluso.
Poner el futuro incierto de una madre, su hija y su pareja en el centro de un conflicto político armado es una decisión importante con una fuerte perspectiva feminista. Políticos, militares y otros hombres de poder quedan relegados a un segundo plano: por mucho que la literatura tradicional nos haya intentado convencer de lo contrario, estos no son los únicos protagonistas de la historia. En su lugar, esta novela se pregunta por las vidas “pequeñas” y las relaciones rotas a causa de la distancia, el contexto, el paso del tiempo y la muerte. Los momentos que se suelen pasar por alto, aquellos en los que las personas conversan «como si tuvieran toda la vida por delante o precisamente porque no la tienen», son aquello que en verdad conforma la historia privada y la colectiva, la que se escribe en minúscula con determinación y seguridad.
Con un lenguaje natural, bello por el hecho de estar despojado de adorno, y descarnado —como la historia misma que se relata—, esta novela nos hace pensar que no importa si ganamos o perdemos, ya que todo eso caerá en el olvido. Lo único por lo que se nos juzgará, aquello que realmente permanece, en palabras de Víctor Zeninski, son «las horas que hemos amado».

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