El polvo de una casa

El polvo de una casa

Pongamos por caso que un día de un mes sin fijar, después de semanas sumida en un sueño, se te diera al fin la oportunidad de volver a abrir los ojos, de ver lo que ocurre como si fuera la primera vez. Imagina cómo serían esos primeros minutos posceguera en los que no hay otro deseo que el de fijar la mirada y poder, así, observar esas formas que se intuyen a pesar de estar todavía bañadas en la oscuridad.