La muerta

La muerta

Así que es ésa de ahí. Te está bien empleado, por desleal, por mentiroso, por tonto. ¿Tan mal estabas en casa como para dejarte llevar por lo que encontraste fuera? Pues mira, te has cobrado la traición con traición. En paz.

Yo pensaba que podía confiar en ti. No digo que tuviéramos que estar juntos toda la vida, claro que no. Una ya tiene suficiente edad como para saber que todo se acaba. Pero, chico, tú me lo cuentas y yo te dejo libre. Esto otro sólo tiene un nombre y es egoísmo. Con tal de no verte solo, has querido mantenerme a tu lado y, a la vez, con ésa de ahí, que se ve que te daba vidilla. ¿Se creía tus palabras? Claro que sí, las palabras son lo que mejor se te daba. Los hechos, ya era otra historia, ¿verdad, vida mía? Hay que ver, qué estampa, ahí, tan juntitos. Lástima que se os esté mudando el color, porque hacéis buena pareja. ¿Tenéis alguna foto de los dos? Seguro que no, para no dejar huellas, que anda que no lo tenías todo pensado, tan buenecito que parecías y yo sin enterarme de nada. No te reconozco. El hombre que conocí jamás me habría hecho esto. Yo pensaba que podía confiar en ti.

¿Te acuerdas de aquella canción de Ismael Serrano? Un muerto encierras. Dos personas que no se dejan por miedo a hacerle daño a la otra. Cuando la escuché por vez primera, tendría yo veinte años. Me la enseñó Cris, mi mejor amigo, ya sabes, lo conoces. Tía, me decía, imagínate qué triste, me decía, vivir engañado, por confiar y estar seguro de lo que tu pareja siente no siendo así, me decía, imagínate decirle te quiero a la otra persona con un significado distinto al que se da por supuesto, me decía. Lo habría soportado. El daño de la verdad es mucho mejor que el de la mentira. Y todo ¿por qué? Por no ser el malo de la película. La honestidad va de la mano de la valentía. Qué cobarde has sido, mi niño, qué cobarde y qué malo. Y así has acabado, como la canción, encerrando un muerto. Bueno, dos: tú y ésa de ahí.

Te devuelvo el anillo, que ya no significa nada. Contigo se entierra un pasado que ya no quiero rememorar; una relación que, ahora lo veo, ya llevaba tiempo muerta. Que os pongan juntitos en la caja, que a mí ya me da lo mismo. Qué curiosa la vida, qué graciosa también, qué irónica y despiadada, todo a la vez. En vosotros ya no habrá más aliento, pero la que se ha quedado sin pulso soy yo.

Adiós, pichón. A ti y a ésa de ahí.

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