Donde diablos estés

Donde diablos estés

Una plaza. 6 de la tarde. Primer encuentro. Hola qué tal. Bien y tú. Buah qué calor. Dónde vamos. Una cerve. Venga tú mandas dónde. Aún no sabíamos que nunca mandamos nosotros sino las mesas libres en las terrazas. Cuarenta minutos después nos sentamos. Es mono.

Dos cañas porfa. Por la tercera cerveza hablábamos de Steiner, en la octava nos comimos la boca. Beso de portal unos días después. El día que pasó a ser eldíadelbesodelportal. Paseos por el Parque del Oeste. Siento que te gusto. Que te gusto mucho. Dos años después me digo que mi intuición no falla, nunca falló. Tampoco falló tu dedicación tu cariño tus besos y abrazos cuando estuve mal. Tus ganas de cuidarme. Mis ganas de tocarte sentirte abrazarte. Mis ganas de viajar por verte. Construir, lo llamabas. Todo va bien. Dices que parezco francesa, que me quieres pintar. Y me gustas y creo que sientes que me quieres y dices… C, que creo que te quiero y entonces colapso y me odio. Me odio por colapsar. Y me odio porque me gustas mucho pero odio el amor. Y me odio por hacer cortocircuito. Y me pregunto qué es querer y si yo ya te quiero de vuelta y me odio por no saberlo. Y me odio más porque creo quererte pero no sé decirlo. Qué es querer qué es querer qué es querer. Me odio por la amenaza a la independencia que suponen esas dos palabras seguidas. Esa estúpida y ridícula combinación trisilábica que tú usarás en canciones porque eres cantante y yo para asustarme.

Y me odio y no dejo de odiarme. Me odio porque sé que me iré.  Me odio porque sin quererlo, me obligaré a huir. Me odio porque odio el amor y todo lo que nos han vendido de él. Me odio porque nunca podré concebir pasar tiempo contigo sin tener un billete de tren que me obligue a bajarme de la nube. Y sé que tú también te irás y odiarás a todo aquél que pase los años sin darse cuenta de que siempre es verano entre mis ojos de color añil. Yo detonando bombas. Tú siendo víctima de ellas. El amor. El te quiero. El compromiso. La independencia.

Me odio y me voy a ir porque sé que te vas a ir como todo el mundo. Me odio por no haber podido parar todo a tiempo, por no saber cerrar bien puertas. Me voy pero me verás en el concierto y escribirás sobre ello. Me voy porque me dices que me vaya.  Por una vez será tangible todo lo que construimos. Gracias a ti. Gracias a tus letras. Gracias a verme en los mil y un sitios en los que nunca estuvimos pero me viste. En las nubes, en las canciones, en los atardeceres, en los aviones. Joder han sido años.

Y me giro y ahora sé que ya no estás. Ya te has ido y me has compuesto un disco y me dices que no conteste, que no quieres saber más de mí. Un disco. De los que hablan del enamoramiento. Un disco. De ti para mí. Y entonces (y ahora) quien no se va —quien no se puede ir— soy yo.

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